CONSUMISMO Y CRISIS

    El Gobierno de España nos hace saber que el consumo nos sacará de la crisis, pero:

¿Qué clase de consumo?     
¿Consumir productos de otros países para que los puestos de trabajo se vayan a esos países?  

El mercado libre global aumenta innecesariamente el despilfarro energético.         

Un consumo sostenible y responsable supondría comprar los productos indispensables a cooperativas nacionales; pero éstas apenas existen, aunque la crisis puede ayudar a que se constituyan más, probablemente sea la única solución para el sector primario (agricultura, pesca y ganadería). Defender el consumo nacional no significa apoyar ningún tipo de proteccionismo, sino proteger la soberanía alimentaria y los puestos de trabajo dentro del territorio español, que de otra manera desaparecerán, y que puede traer el hambre en un futuro no muy lejano. Esa debería ser la tendencia de todos los países, con el ahorro energético consiguiente. Esto significa un retorno a épocas remotas, antes de la aparición del capitalismo, en las que se producía un consumo sostenible adecuado a las necesidades justas. Una época en la que el sector primario cambiaba su excedente por productos manufacturados necesarios y el carretero (transportista) vivía de ello. Hoy en día estos tres sectores: primario, secundario (industria) y transporte están copados por multinacionales que buscan un máximo beneficio, y eso significa sobreexplotar (en algunos casos expoliar) los recursos finitos del planeta para defender nuestro burgués y opulento estilo de vida, innecesario desde un punto de vista lógico; pero vendido incesantemente por los “actores” al servicio del poder económico (el Gran Capital); marketing, publicidad, medios de comunicación, políticos y la masa borreguil que les secunda por ignorancia, producida porque ese estilo de vida no les deja tiempo para pensar. Ese círculo vicioso se está volviendo viciado e insostenible por mucho proyecto de ley de economía sostenible que nos quieran vender, no puede existir la economía sostenible sino hay un consumo razonable de los recursos limitados de los que dispone el planeta. Esta ley es otro cuento para niños con en el que colapsan nuestros oídos periódicamente para que evitemos PENSAR lógicamente. ¿Para qué pensar si los “actores“ de la farsa ya piensan por todos? Como dijo alguien: ¡A pensar le llaman locura, pero más locura es no pensar!          

El sistema de producción capitalista produce crisis cíclicas y se sabe desde hace más de un siglo, aún así los “actores” siguen defendiendo un sistema inviable que genera año tras año más hambre y más paro, y que degenera en guerras.