¿Quién sufre las crisis del capitalismo?

          Mucho ha llovido desde las históricas luchas que la clase trabajadora acometió en los años 70. Así, entre el mes de julio del año 1975 y diciembre de 1976, según el Ministerio de la Gobernación se produjeron la friolera de 37.990 huelgas laborales.

            El punto álgido de estas luchas fueron los sucesos de Marzo del 76 en Vitoria. Allí, los trabajadores se reunieron en Asamblea convocada en la Iglesia de San Francisco de Asís sita en el barrio de Zaramaga. Allí, fueron reprimidos brutalmente por las Fuerzas de Seguridad del Estado, dando como resultado la muerte de 5 obreros y 150 heridos. La respuesta de la clase trabajadora fue contundente; en Vitoria se montaron barricadas y se implementaron fórmulas de resistencia, autogestión y autofinanciación, en Vizcaya pararon 700.000 trabajadores , en Navarra 300.000 huelguistas se sumaron a la protesta (lo que equivalía un paro total), en Madrid se ligaron la escalada de huelgas (“un rayo que no cesa” como calificaban a estas luchas las autoridades de la época) con la protesta por la masacre de Vitoria. Cuando Manuel Fraga Iribarne fue al hospital a visitar a un obrero herido, el trabajador le espetó: “¿Qué vienes a rematarme?” Sin duda, todas esas luchas forjaron el orgullo de la clase trabajadora dispuesta a cuestionar la hegemonía del capitalismo.

           Fruto de esa fuerza se forzó una reforma en la concepción de las relaciones laborales. Fruto de esa negociación con la Patronal se afianzaron una serie de conquistas nada desdeñables: pluralidad sindical, elecciones sindicales en el seno de las empresas, el Estatuto de los Trabajadores, etc.

           Mientras nuestras fuerzas entraron en la lógica del institucionalismo, el sistema comenzó a desmontar las bases que habían permitido las reivindicaciones de la clase trabajadora como expresión de sujeto político soberano e independiente. (El PSOE movilizó a todas sus fuerzas, incluido su sindicato afín, para, valiéndose de la autoridad de la que gozaba en esa época, desmontar y privatizar el sector siderúrgico liquidando de paso el núcleo duro de la clase trabajadora).

           Y es cuando desde la orgía neoliberal que somete a las clases populares estalla la actual crisis. Crisis que, si bien se habla constantemente de ella en los medios, se esconden sus efectos más perniciosos y al mismo tiempo está siendo una herramienta muy efectiva para precarizar las condiciones de vida de las clase trabajadora gracias a ese pánico permanente que se está instalando en el imaginario colectivo y que impide distinguir algo tan elemental como lo objetivo y lo subjetivo. Como ejemplo de esta realidad que se nos oculta y que se está dando, es conveniente alzar la voz ante la flexibilidad del capital   a la hora de transformar e invertir el capital en otras ramas de la producción más rentables, mientras que a los trabajadores de aquellos sectores que no son rentables se les despide con total impunidad al amparo de “la mala situación económica”.

          La lógica del capitalismo lleva a la disminución de los costes. Para ello, hay una estrategia de desgaste para subvertir el modelo de relaciones laborales. En el Estado Español, la patronal está utilizando la crisis para limpiar de derechos a los trabajadores más veteranos, persigue el despido libre, utiliza los ERE ́S como herramienta para depurar las plantillas con la aquiescencia en no pocas ocasiones de la Autoridad Laboral, quiere bajar las cotizaciones de la Seguridad Social en 5 puntos, etc.

          Es hora de hacer balance. Es evidente que la clase trabajadora ha sufrido una transformación considerable fruto del cambio realizado en el mercado laboral unida a la influencia que ejerce en todos y todas la sociedad de consumo. En una realidad marcada por la precariedad, la desigualdad en el marco de las relaciones laborales entre el hombre y la mujer, la alta tasa de temporalidad, el dominio de las ETT ́S, la explotación salvaje de la mano de obra inmigrante, el 43% de paro juvenil existente... uno no puede dejarse de preguntar si aquellos trabajadores que arriesgaron su vida por un futuro mejor estarían orgullosos de esta realidad tan sombría y autoritaria. En estos tiempos donde la sociedad de consumo busca vanalizar el Mundo en el que vivimos, alzamos la voz desde la esperanza. La esperanza basada en la confianza de que el capitalismo crea las condiciones para su sepultura. La clase trabajadora sigue convocada para ser el sepulturero del capitalismo. De la misma han salido las mejores conquista que se le ha brindado a la Humanidad. Seguiremos apostando por ella.